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  • Padre Jorge Ambert, S.J.

Promesas del matrimonio

El matrimonio es una promesa de compañerismo; poder compartir con otra persona todas las experiencias de la vida. No es solo compartir una cama, una economía más substanciosa, un enfermero/a para cuidarte cuando aparezcan los achaques. Se trata de compartir la vida. Y vida incluye tu existencia y crecimiento como persona en todos sus aspectos. Si en algo podemos aplicar la palabra culta ‘HOLISTICO’ es en esta relación tan especial, diseñada por nuestro creador.


El matrimonio no promete que no habrá momentos difíciles; tan solo habrá siempre alguien que te apoyará en el camino hacia mejores momentos. Una vida sin momentos difíciles es imposible. Peor aún, sería aburridísima. Sería como apostar en un casino donde siempre ganas, es imposible perder. Se pierde la emoción del riesgo. Es como el niño muy rico que se aburre de tenerlo todo tan a la mano. La situación difícil templa el ánimo, fuerza a crecer. Del rey persa Darío cuentan que huyendo después de una batalla que perdió, y haber pasado días sin comer ni beber, llegó a un lago lleno de cadáveres y bebió. “Nunca he bebido agua más rica, porque nunca bebí antes teniendo sed.”


El matrimonio no promete romanticismo eterno; sino amor, ternura, comprensión, comunicación, respeto y dedicación eterna. Y estos son valores mucho más profundos que el momento fugaz del beso final en las antiguas películas de Hollywood. Antiguas sí, porque las de hoy ya comienzan en la cama. Porque el matrimonio no puede prevenir desilusiones, desencantos, ni penas; pero sí puede ofrecer esperanza, aceptación y consuelo. El sultán que busca al hombre feliz, para comprarle su camisa y que le comunicase felicidad, lo encontró al fin. ¡Pero el hombre feliz no tenía camisa! ¡Cómo el nómada que encontró petróleo en el desierto, pero se murió de sed!





El matrimonio no puede protegerte de decisiones personales, ni ampararte del mundo; pero habrá alguien siempre a tu lado que te ama de verdad. Saber que cuando el mundo te hiera y estés vulnerable, alguien te espera para escucharte, consolar e inspirar. Por eso decía Proverbios: ay del solo, porque si se cae no tiene quien le levante. Y en otro lugar: el que encuentra un amigo ha encontrado un gran tesoro. Y el mercader en perlas preciosas, que vendió todo lo que poseía para comprar la perla preciosa. La gente lo pensó locura. El mejor negocio, pensó él. Porque esa perla contenía todo lo que vendió y muchísimo más.

El matrimonio es la unión de dos seres que comparten la promesa que tan sólo el matrimonio puede lograr: compartir el brillo del sol y la penumbra de las sombras y por ello vivir una vida más rica y llena. Compartir una risa y también una lágrima, porque parejas que ríen juntas, se mantienen juntas. Poseer lo que ni Walmart ni Costco pueden vender o regalar: el ser más a través de una persona que me regale su ser para conseguir yo ser más, y al mismo tiempo ella ser más por lo que yo le regalo. Ese milagro no lo logra el mejor prestidigitador. Y está en la Biblia cuando enuncia ‘y serán los dos una sola carne’. Y hasta que la muerte nos separe.

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