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  • Padre Jorge Ambert, S.J.

Matrimonio Feliz

En cierta ocasión durante un seminario para matrimonios, le preguntaron a un varón: – ¿Te hace feliz tu esposa? ¿Verdaderamente te hace feliz?


En ese momento la esposa levantó ligeramente el cuello en señal de seguridad, sabía que su esposo diría que sí, pues el jamás se había quejado durante su matrimonio.


Sin embargo, el esposo respondió con un rotundo


– ‘No … no me hace feliz’


Y ante el asombro de la mujer… continuó:


– ‘No me hace feliz … ¡Yo soy feliz! … El que yo sea feliz o no, eso no depende de ella, sino de mí. Yo soy la única persona de quien depende mi felicidad. Yo determino ser feliz en cada situación y en cada momento de mi vida, pues si mi felicidad dependiera… de alguna persona, cosa… o circunstancia. … sobre la faz de esta tierra, yo estaría en serios problemas.


Todo lo que existe en esta vida, cambia continuamente: el ser humano, las riquezas, mi cuerpo, el clima, los placeres, etc. Y así podría añadir una lista interminable. A través de toda mi vida, he aprendido algo; decido ser feliz y lo demás lo llamo…. ‘experiencias’: amar, perdonar, ayudar, comprender, aceptar, escuchar, consolar. Experiencias que son agradable complemento.


Hay gente que dice: – No puedo ser feliz, porque estoy enfermo, porque no tengo dinero, porque hace mucho calor, porque alguien me insultó, porque alguien ha dejado de amarme, porque alguien no me valoró…


Pero lo que no sabes es que… PUEDES SER FELIZ…….aunque estés enfermo, aunque haga calor, aunque no tengas dinero, aunque alguien te haya insultado, aunque alguien no te amo, o no te haya valorado. La vida es como andar en bicicleta… te caes, sólo si dejas de pedalear. SER FELIZ ES UNA ACTITUD ANTE LA VIDA QUE CADA UNO DECIDE. “La felicidad es una tarea personal”, reza el título de un libro del P. John Powell.


Pero sin duda añado que tu pareja debe ser elemento importante en esa decisión de ser feliz, que es tuya. Lo logras cuando a ella, o a él, la ves y cultivas como alguien que llena con lo que es lo que a ti te falta. Porque ningún ser humano lo tiene todo. Aunque esa felicidad es la seguridad profunda contigo mismo, el conseguir esa mayor seguridad con lo que la otra persona te complementa ayuda enormemente. Y mucho más cuando concibes tu presencia con esa persona como la acompañante en la maravillosa aventura de ir creciendo. Es tu actitud la que te satisface, pero la otra persona la apoya y enriquece. Mucho más cuando tu preocupación no es qué me va a regalar esta persona, sino ante todo qué puedo yo regalarle para que sea más de lo que es con lo que yo le regalo.


La felicidad depende de la decisión que tomo sobre mi propio yo, pero con un complemento mágico, maravilloso, que se comprometió a formar un nuevo ser conmigo. Si desaparece algo pierdo, pero la decisión mía sigue presente. Por eso la promesa de Dios no es que económicamente siempre estarás boyante, sino que en la pobreza y escasez puedes ser feliz. No es que el dolor ya no aparecerá más en tu vida, sino que, en la decepción, traición, o enfermedad, puedes ser feliz. La promesa del Maestro sigue presente: busquen el reino de Dios y su justicia y todo lo demás se les dará por añadidura. En tu vida aparecerán diversos elementos que te rellenan. Ninguno mejor que la pareja. Pero el fundamento está en lo que pienses y decidas sobre ti mismo.



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