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  • Padre Jorge Ambert, S.J.

Confianza SI

Padre Jorge Ambert, S.J.


Lo recuerdo como reprensión que recibí durante mi seminario menor. “Jorge, me dijo el encargado, justificando una mala calificación, Confianza sí, Confianzas no”. No entendí al momento por qué me reprendía. Tal vez lo resumía en que no fuera un “prospasao”. Tal vez por ahí iba la cosa.


Para la pareja casada es básica la confianza. Es la convicción, la seguridad, de que de esta persona, mi pareja, no me sobrevendrá daño alguno. Sería trágico el admitir como verdad aquello de que “el matrimonio es la única guerra en que se duerme con el enemigo”. Tu pareja nunca puede verse como enemigo. Seria “contradicción en los términos” como enseñan los filósofos. Confianza es lo que siente el niño cuando el padre le anima a lanzarse a sus brazos desde el balcón. Sabe el niño profundamente que su padre no lo dejará reventarse contra el pavimento. San Pablo exclamaba “Se de quién me he fiado”. Es maravilloso que lo mismo exclame el cónyuge sobre su pareja.


Es curioso encontrar en el libro de los salmos muchos de estos poemas cuyo contenido es la confianza en el Padre. El mejor ejemplo es el salmo del buen pastor. Resuena alegremente en nuestros oídos aquello de que “ningún mal temeré”. O el otro “aunque camine por valles de tinieblas nada temo porque tu estás conmigo”. Recuerdo a un profesor mío en teología, gran personalidad en esa ciencia eclesiástica que al fin de su vida, sintiendo todas las limitaciones de salud que le cayeron encima, repetía que lo que más consuelo y fuerza le inspiraba era recitar esa frase. El salmo 139 es conmovedor cuando le dice al que ha transgredido los mandamientos que, como Dios muestra que es poderoso no es aplastando sino concediendo perdón. Por otro lado, cómo duele cuando alguien amado traiciona inesperadamente esa amistad. Algo que definitivamente me repugna y duele en la serie de Netflix “El juego del calamar” es esa desconfianza y traiciones que se infiltra en cada jugador, solo con la idea de llevarse el premio él solito.


Confianzas es… sí, propasarse. Es tomarse libertades que hieren a la otra persona. Y llegar así a faltarle el respeto. El extraño que entra en tu hogar como Pedro por su casa, y se sienta sin que se le invite, o abra la nevera a su antojo, ese es un ‘confianzú”. ¡Confianzas NO! Es tomarse unas libertades en nombre de la confianza, que se piensa poseer.


Los mayores de hoy se extrañan, por eso, de la conducta desfachatada de algunos jóvenes. Ni saludan, tutean, delante de ti se enfrascan en su Facebook, intervienen o interrumpen la conversación, y de nuevo con la excusa de que hay confianza. El amor y cercanía con los hijos es deseable. Pero recordar siempre que esa relación no debe ignorar que una cosa es ser padre y otra hijo; una cosa es el adulto y otra el menor. Aunque fuese por pura cortesía.


Las relaciones entre naciones son ideales cuando hay confianza, diálogo y acuerdos. Pero no olviden que cada nación es libre y soberana. Firmamos acuerdos, aclaramos con respeto nuestras diferencias, aceptamos cortésmente a los embajadores. Pero no existe un derecho a tolerar intromisiones, injerencias, votar indirectamente por un candidato en las elecciones internas… Creerse con derecho a ello, apoyados en las relaciones de confianza… Eso no. ¡Confianzas NO!


En las familias aprendemos las normas de cortesía y respeto. Somos una comunidad familiar de apoyo fraterno. Pero sin autoridad para entrometerse en lo que pertenece a la intimidad de cada uno. Meterse en ese mundo íntimo sin la autorización o permiso no es positivo. Confianza Si, confianzas No.

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